Libertad

Bien analizada, la libertad política es una fábula imaginada por los Gobiernos para adormecer a sus gobernados.

Quien en nombre de la libertad renuncia a ser el que tiene que ser, ya se ha matado en vida: es un suicida en pie. Su existencia consistirá en una perpetua fuga de la única realidad que podía ser.

Nadie puede ser perfectamente libre hasta que todos lo sean.

Renunciar a nuestra libertad es renunciar a nuestra calidad de hombres, y con esto a todos los deberes de la humanidad.

Quienes son capaces de renunciar a la libertad esencial a cambio de una pequeña seguridad transitoria, no son merecedores ni de la libertad ni de la seguridad.

La libertad es la obediencia a la ley que uno mismo se ha trazado.

No es bueno ser demasiado libre. No es bueno tener todo lo que uno quiere.

No se nos otorgará la libertad externa más que en la medida exacta en que hayamos sabido, en un momento determinado, desarrollar nuestra libertad interna.

Por conservar la libertad, la muerte, que es el último de los males, no debe temerse.

Pueblos libres, recordad esta máxima: Podemos adquirir la libertad, pero nunca se recupera una vez que se pierde.

La libertad política implica la libertad de expresar la opinión política que uno tenga, oralmente o por escrito, y un respeto tolerante hacia cualquier otra opinión individual.

Sólo es digno de libertad quien sabe conquistarla cada día.

La verdadera libertad del hombre consiste en que halle el camino recto y en que ande por él sin vacilaciones.

¡Oh, dulce nombre de la libertad!

La libertad supone responsabilidad. Por eso la mayor parte de los hombres la temen tanto.